lunes 31 de agosto de 2009

Dínamo

De madrugada burbujea la calle de cigarro, caca y vómito...las habitaciones se cierran el pecho, ahorcando los bustos que logra insertarse entre las entrañas de droga y chillidos de rata. Y yo estoy en una de ellas. Me levanto de la cama con la lengua pegada al paladar y el calzón a media pierna, un tipo duerme a mi costado gorjeando y gruñendo por el movimiento que se hizo en el colchón.

Una botella tirada en el piso, escupe su saliva amarilla por la alfombra y los dedos de mis pies nadan en su charquito alcoholizado, mientras las cortinas malva mueven sombras y dejan resbalar sus arañas. Las ambulancias y las patrullas pasan una tras otra como un desfile de freaks metálicos y aullidos de claxon.

Comencé a traerme de vuelta en un triciclo ese sueño en el que atravesaba la noche espesa huyendo de las brujas que tejían abrigos con cabellos de niños y se dopaban con hachís y peyote, clavándose agujas en los tobillos y saliendo a asaltar damas de corsé y diamantes en las avenidas de la high life, buscaban entre mi iris, potes con la poción para rebelarse.

Pero logré salirme de sus uñas mugrientas y su vaho podrido, pues es solo desatarse los pies y dejar de cargar con el aire vacuo de los ayes y los hubieran del mundo. Volé hasta caer en un gigantesco campo, que llamaré aquí la Tierra de Los Elefantosaurios. Allí estaba ella, con sus trencitas de trigo y su sonrisa de maíz dorado, brincando encima del faldón de hierba y orquídeas, moviendo sus manitas queriendo acariciar a Dios. Pero Dios estaba pinchando globos en el lomo de Saturno. Entonces me pidió que hiciera aparecer elefantes alados. Y haciendo ochos en el viento, apareció una manada de elefantes traídos desde la India, con su gigante cuerpo arrugado, sus trompas grisáceas queriendo atrapar manzanas en lluvia y darse un baño con el llanto de mamá. La carcajada era carrusel y la garganta una nota de jazz.

Me distrae el golpeteo de una gota sobre el cenicero y descubro el lugar donde se cuela el agua que cae de la terraza. De pronto me doy cuenta que no es agua: son orines. Malditos patojos borrachos. Seguro están bebiendo allá y están que se mean por todos lados. Esas reuniones donde suena el tambor de su cabeza hueca y su ramillete de idiotez en billetes de cien quetzales. Brincando todos al unísono, irrumpiendo con sus zapatos de diseñador el cemento quebradizo y sonando sus pulseritas anti-sistema contra los anuncios de Coco Chanel y de Editorial Mil Libros, que publica sus berridos sobre la mierda que hay en la vida y el rebuzno del nadie me comprende.

El odio que se ejecuta todos los días en sus sillones mullidos viendo la telenovela, su reality show donde la hijita de papi coge con el equipo de futbol mientras la madre corre desnuda tras el jardinero con su whisky en la mano.

Un tipo frente a la cámara que dice: “acabaré con todos ustedes una vez me marginen de acá”.

Los que se persignan en el nombre del comunismo, padre, hijo y espíritu zángano.

Quienes se emocionan frente al espejo, solamente de pensar en las tres monedas que le tiraron ayer al vaso oxidado de la anciana que se encontraba en la puerta de su edificio, pues ya se compraron su pedazo de cielo.

La nena de quince que se operó las tetas pero jura que le gusta siempre andar al natural.

Pregúntale al bibliotecario por qué ladra y te dirá “los libros muerden”. Inquiere a la señora del penthouse por qué se le suelta del cabello la cocaína como caspa y te dirá que el desierto es oro y el visón la soledad de sociedades con fiestas de piscina y champagne.

Me da un ataque de tos y busco unas mentas que cargaba en el bolso, la cabeza se me sacude como si tuviese un fusil en cada oreja disparando su bala hacia el que ronca allí cerca. Y me aparece una pantalla gigante en la pared del otro extremo de la habitación en donde rebobino la cinta y se presenta en función privada, la situación de aquel choque, donde el carro pasó a gran velocidad a mi lado, mientras yo en la acera pateaba latas, le sonreía a la copa de un árbol y un perro blanco y peludo arrastraba a Rodriguito por el parque. Como ver estrellarse a Da Vinci en su máquina para volar, vi explotar en llamas el vehículo, en tanto que las llantas saltaban de una acera hacia la otra. Sentí que me tragaba un témpano y el estómago se fruncía ante una avalancha de aguardiente quemándome los intestinos y corrí. Corrí tan rápido que se me acalambraron las piernas y se me salían los ojos, lo alcancé a sacar de los tubos retorcidos, el asiento chamuscado y oí su corazón. Aún latía. Su respiración se le cortaba como serpentinas que se van quitando del salón después de que todos se han ido y el festejado se queda sentado en una silla lagrimeando por ese buen momento que se acaba de ir. En mi regazo resbalaban gotas de sangre, después eran ríos y lo apretaba como queriendo meterle mis pulmones en los suyos, gritándole que no fuera un maldito cobarde y no me dejara allí, mientras le dejaba impregnado el cabello de lágrimas y mocos. Lo besaba y él entreabría sus labios, pues siempre supo que era mi consentido, y le encantaba sentirse reyecito. Lo vi sonreír y fue cuando dejó de ser él y pasó a ser el rostro de la muerte quien me saludaba y él se despedía, al mismo tiempo. Dejé de golpearle el pecho y lo dejé morir. Todos a mi alrededor gritaban por un médico, pero ya era demasiado tarde. Solo alcancé a colocarlo en una orilla de la acera para que nadie pasara pateándolo, como si fuese un león que ha recibido el disparo protector de su cazador, pues se moría de mundo. Y me fui. Silbé una canción triste, con las manos en los bolsillos y seguí pateando latas. Algún día nuestras almas se volverán a encontrar.

Los poemas sobre insomnes me hacen tiritar sobre bañeras de cafeína y meterme en balsas de novocaína, los periódicos me levantan teatros ridículos donde los protagonistas son un montón de cerdos separados por partidos y con su hocico hurgando en los sesos en estado de putrefacción de la libertad, donde un transeúnte pasó hacía un par de horas y le dejó tirada una jirafa de origami que perdió su color tras el último huracán.

Recojo mi pantalón que yacía perdido entre retazos de periódico, zapatos y toallas usadas. Le dejo la llave de la habitación tirada en la almohada y salgo a buscarme algo que me cure la tembladera..

Al final de cuentas, es posible que la resaca haya sigo origen de muchos inventos.

sábado 1 de agosto de 2009

Contemplaciones


viernes 3 de julio de 2009

Aspiradora de hospital

El hambre se ha tirado del despeñadero
causando ese dolor de redondez y miseria,
de los niños con barrigas de tonel
y las mujeres con rostros hechos de lija,
de hombres con el azadón al hombro,
pues ya no existe más tierra qué acariciar…

Cuando era niña, soñábamos con manzanos,
fresas de miel y plátanos azucarados,
los carruseles con sus caballos de trigo
y las plazas gorditas de maíz y lluvia de arroz.

Me despierto, entre rostros achacosos,
gente de ocho a cinco y causas benéficas
solo de internet,
billetes que vuelan entre los dedos del avaro,
los tipos que persiguen sus sueños
y se echan a dormir sus mundos de ego,
el que grita callado, pues la vergüenza es mucha
y la habladuría rellena las paredes de los rascacielos.

Tiro mis monedas a los pies del viejo Bóreas
exacerbando mi propia ignorancia,
manoseando el culo de mi modus vivendi
pues es más fácil ver las noticias
desde mi sillón,
que ser pregonero del mundo.

Hipertrofia

Una bala entre dientes
mi esqueleto tiritando al otro lado
de la calle,
embolia en los ojos
y mutis de facto.

Evoco dulzuras
en golpes de granizo
y mi abrazo se llena de aire,
se contamina de plomo,
se contagia de techos
con su tragaluz y su art decó…

Ayer lloré sobre un parque
de balones y globos,
hoy se me congelaron las pestañas
y me dolió el verde solar.

Quemo todas las noches
el libro que no he parido,
y se me disuelve la saliva
en un café amargo
desde una oficina
en donde debo tener la vista corta,
la lengua larga
y piernecitas de tobogán.

viernes 20 de marzo de 2009

Baile de cimitarras

EL EXTRANJERO

- Hombre enigmático, dime a quién amas más:
¿a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
- No tengo padre ni madre, ni hermano ni hermana.
- ¿Tus amigos?
- Usa una palabra cuyo sentido me es desconocido
hasta hoy.
- ¿Tu patria?
- Ignoro bajo qué latitud está ubicada.
- ¿La belleza?
- Con gusto la amaría, diosa e inmortal.
- ¿El oro?
- Lo odio tanto como usted a Dios.
- ¿Qué amas entonces, extraordinario extranjero?
- Amo las nubes... las nubes que pasan... allá...
allá... ¡maravillosas nubes!

(El spleen de Paris-Baudelaire)

Recuerdo un anuncio de un banco del sistema que burbujeaba como un cáncer sonoro en todos los recovecos de la ciudad hace un tiempo (y creo que para mala fortuna de la publicidad, que siempre me ha parecido una lacra, todavía existe el lema): “Casas, carros, puntos”. Un manojo de gente brincando de un lado a otro en la pantalla, o con sus gritos de emoción en la radio, exclamando que la felicidad se encontraba en cualquiera de esas cosas. Una familia maquillada y prefabricada, con actores que tras las cámaras se gritaban improperios y los niños tiraban patadas al tobillo del director, al encenderse las luces y tras las palabras “luz, cámara, acción”, comenzaban la pantomima de las cosas que son generalmente aceptables y que son el futuro, pan nuestro de cada día, cada año y toda la vida respiratoria de cada uno de los que estamos aquí.

Anoche me invitaste a un café, recuerdo cuando recibí tu mensaje “si estás sola hoy y no tienes nada que hacer, acéptame la invitación, muñequita”…me maquillo los ojos para ocultar la tristeza, me arreglo las mejillas con rubor porque éste ya no brota natural, y me apago el brillo de la cara con polvos, porque es demasiado el reflejo que causa mi tedio. Y salí, hacia un sitio cualquiera, en una hora que ya no recuerdo. Te vi mientras te levantabas emocionado a saludar y me ofrecías asiento.

Diálogo primero:

-¿Cómo estás?

-Viviendo.

-¿Bien o mal?

-Ni bien, ni mal.

-Ahhhh.

-Sí.

-¿Y el trabajo?

-En el mismo lugar de siempre.

-¿Y la casa?

-También, sigue sin moverse. Apuesto que al salir de aquí, estará allí donde la dejé cuando salí.

-¿La familia?

-Todos bien.

-¿Los niños?

-Dormidos a esta hora.

-Mira pues, qué alegre que todo está bien y normal.

-Sí, a mí también me tranquiliza saber que todo está bien y normal. Como una bala que no pierde su dirección.

-Jajajaja, qué cosas dices.

-Sí, qué cosas digo.

El café se enfría. Bebemos, mientras él gira el rostro hacia un costado y yo lo giro al lado contrario y hacia arriba.

“Me gusta tu cara, pero no tu rostro. Me gusta el color de tus ojos, pero no tienes mirada. Me atrae tu figura, pero tu sexo es demasiado frío para mi calor de noches de infierno.”

Diálogo segundo:

-¿Y qué tal todo con la poesía?

-Allí. Por ahí, por allí, por allá, por acá. No sé donde esté ahora. Afortunadamente.

-A veces no comprendo lo que me dices. Eres una mujer muy complicada.

-Sí. Lo soy. Eso es lo que causa curiosidad allá afuera. Como ver pasar un dragón de pansa rosada.

-Ya es tiempo de que dejes las drogas.

-O de que ellas me abandonen.

-¿Tenés sueños?

-Sí, los tengo.

-¿Cómo cuales?

-Quisiera una mansión de unas 8 hectáreas, en una ciudad donde mi vecina sea Madonna para que me invite a sus orgías y del otro lado Britney Spears para que nos salgamos un día juntas a reventar vidrios con bates de beisból. Al frente sería maravilloso tener a Al Pacino, le preguntaría por qué ya no hizo otra del Padrino y dos casas más arriba a Leonardo Di Caprio: me gustan las novias que se engancha. Juro que por una de esas tipas me vuelvo lesbiana.

-Jajajajaja, y eso que no te he invitado a un par de tragos, esto es solo café.

-Sí. Como todo en la vida.

-Bueno, fue una extraña plática, pero me tengo que ir. Mañana hay trabajo y no me puedo desvelar.

-Así es. Yo tampoco me puedo quedar mucho tiempo. He aprendido que no es bueno quedarse mucho tiempo en un solo lugar. Así que también me voy.

-Entonces hasta la próxima.

-Hasta cuando haya otra vez tiempo.

Camino hacia mi casa y veo a unos borrachitos tirados en la acera, peleándose por una cobija y por el último trago de química. Al otro lado, un travesti con su vozarrón de barítono ofreciendo una chupada a los nenes que andan en sus carritos de lujo buscando aventuras. Qué buenas piernas tiene el tipo, mejor que las mías. Los niños ofreciendo dulces en cada luz roja del semáforo… cómo quisiera que esas luces fuesen espirales disparados a la atmósfera y la aurora boreal un resbaladero para jugar con ellos y poder huir juntos de la bruja mala y el mago malvado.

Llego a casa. Abro la puerta y atravieso ese angosto pasillo, como un túnel hacia el camposanto. Aparezco en mi habitación y me quedo en la puerta observando esa cama de crepúsculos y las ventanas de lánguido azul, el edredón de flores con sus tallos que asfixian la vena de fuegos artificiales y sus pétalos agrios de lo que se ve tan lejano y no se deja acariciar.

Mi espíritu es un ruiseñor que se ha quedado afónico, mi corazón es una cavidad que bombea, pero no explota, mi fe es esa llama que olvidaron apagar y que le tiro ramitas para avivarla. Mi voluntad se encuentra adolorida, pero no toca el piso, tanto como mi aliento de absenta no ha hecho corto circuito con el celular.

Es todo, o es nada. Es poco, o mucho, es arriba, o abajo, es caliente o es frío. ¿Tanto asco provoca mi verso en los oídos del mundo? ¿Tanta peste arroja la inmensidad de mi mirada sobre el alba que pone cabizbajo al sol?

Rompería filas de ejércitos con mis pasos de praderas y selvas, devolvería el agua al desierto con mis lágrimas de dolores tornasol, descansaría mi madre su agotada cabeza, sobre mis hombros de nubes y mis hermanos tendrían jardines de globos y árboles de miel sobre su techo de roble.

La lista de motivos, como la lista de compras. La lista de pros y contras como un juicio previo. La lista de beneficios como abrir una cuenta bancaria. El gozo que producen las teclas de la misma canción que como un péndulo idiotiza santos y eterniza muerte.

El pecado. Lo injusto. Lo correcto contra lo incorrecto. Toda esa terminología de diccionarios y enciclopedias. Todos esos gestos sobre mi cara que ya reconozco y los nombraría sin verlos, con su nombre y apellido. Mis injurias contra su sistema. Mi rebeldía contra su seguridad. Mi guitarra contra su violín. Mi saxofón contra su trompeta. Mi rock contra su balada. Mi egoísmo contra su jaula.

Mimimimimimimimimimi

Jajajajajajajajajajajajajaja

martes 10 de marzo de 2009

HOMENAJE A LEOPOLDO MARIA PANERO/S.o.P.a./18 DE MARZO

LUGAR: CENTRO CULTURAL DE ESPAÑA
(4 GRADOS NORTE)
DÍA: MIÉRCOLES 18 DE MARZO
HORA: 19:00 HORAS

sábado 7 de marzo de 2009

Hurgando en el hocico del lobo


Las luces danzan
contra el ojo de vidrio,
del ocaso.

La vena de fuego
del volcán,
azuza las almas
cual hojarasca
en lecho de jade...

Las ramas de los árboles
como si fuesen
el ósculo de la gaita entre
los rostros perdidos,
del boulevard.

El sepulturero
que dormita
sobre la tapa de sesos del poeta...

Yo que doy sorbos
al gélido revolotear
de un motor.....


............................contando cadáveres
....................................como ovejas
...................................en el tonel de Diógenes

domingo 1 de marzo de 2009

El caso de la rubia platino y caballo

Son las dos de la madrugada en la cama cualquiera de un campesino. Se oyen por afuera las maldiciones que los de adentro dejaron escondidas al despertarse otro día…malnacida rutina de ratones y quesos. Un viejo se rasca el culo en el momento en el que su mujer se levanta con su camisón roído por el paso de la pasión agonizante, casi muerta, y se pregunta a dónde quedaron los partidos de futbol y las nenas con tetas duras y húmedas por la cerveza de la fiesta.

Un listado: contabilidad, finanzas, macroeconomía, micro economía, micro cerebro, micro espasmo, ¿¿¿micro bús??? Al carajo con la caminata que exhuma sueños viejos y pasa tirando mala hierba entre las flores de cal y cemento. Pisos de granito y granitos de adolescencias en asfixia.

Me jacté de conocer a Sabina, de adivinar los pasos de Dylan y de sentarme en las piernas de Sade. Ninguno de ellos ahora recuerda que fui su más fiel fan, con mis cartelones gigantes de pie en las calles de mi ciudad, mientras esperaba que abrieran la puerta de su habitación, aquella por la que nunca pasaron, en aquel hotel que nunca existió. Nunca.

Le doy pequeños mordiscos a un chocolate que envejecía solo en aquel congelador. Pero es que sí hay hielo, pero es que no tenemos calor. Que la lengua sude, no es playa y sal, es una tibia forma de masturbarse con el tedio.

Me cambié el color del cabello con las volteretas de la clepsidra y ahora soy aquella aguja que hablaban las abuelas, que era capaz de vender todo su pajar. Como prostituyendo cualquier entierro. Pero qué mierda es esto. Si era un pie en mis costillas.

Yo suelo oler el pan en la esquina y correr con las palomas, hambrienta de copas de árbol y copas de whisky.

Me voy de aquí.

jueves 5 de febrero de 2009

Profundamente triste

Lucho cada día contra la lágrima
que vuelve galopando a mi rostro
ajado y mi gesto iracundo
que mal dibujado en mi espíritu,
es un doble espejo,
a donde no quiero mirar.

Esta noche me rodea de miedo,
de una congoja tan inmensa,
que podría llenar mares y océanos
con ella y aún así dejar un poco
para los días venideros.
Sin piedad.

Me voy despidiendo de vos,
te siento ir dentro de mí
y te pregunto por qué no te quedas,
mientras tu silencio me resquebraja
el vientre y me cierra la matriz.

Bebé de ojos perlados,
jamás pude contemplarte
pero te sentí y por eso hoy muero,
mi llanto no se sostiene
ante la inquina que vimos venir
con palabras de miel
que escondían su navaja bajo
un presagio en una isla sin nombre.

Deja que todos se vayan,
deja que la soledad nos arrope,
que el frío que hoy se cierne en la ciudad,
se ciña en nuestras frentes,
pues hemos quedado sin bondad,
somos la sangre que ha servido de alfombra,
rueda de la fortuna y azar.

Que murmuren tras nosotros
esos fantasmas que hacen
fogatas con mis cejas y tus pestañas,
y que sigan tirando sus dardos,
pues antes de sacarte a las manos
con cáncer del mundo,
prefiero llevarte a mi escondido asteroide,
mientras yo sigo aquí esperando
volverte a encontrar.

Estoy profundamente triste.

Despertar

Anoche no necesité espinarme las manos con niebla ni cargar frutas en cestas eternamente vacías, para hacerme un vino, pues éste, brotaba sólo de las paredes. Sentí recorrer por mi habitación a la soledad sin mortajas y sin la hoz que acostumbraba llevar al asomar yo mi cara por su ventana. No sentí el peso de un dedo sobre mi yugular ni tuve que apostar mi corazón al mejor postor para intercambiar sonrisas falsas y deducciones vagas.

Ya no necesito pensar en la redondez de la manzana ni en su frescura de dientes y saliva. Solamente respirar un aroma y flotar entre la sensibilidad de un poema que no necesita del habla, pues el verso solo se le deja danzar sin pies. Me vi en el agua clara de una nada y me aburrí viendo el techo, carente de las sórdidas preguntas y dejando famélicas constelaciones que se van perdiendo entre los montones de luces que se encienden y se apagan.

Mi locura sin tiempo y mi mórbida felicidad de saber que al fin el tren se ha detenido, que ya no hay sitio a dónde llegar, pues ya nadie me espera y yo a nadie tengo que esperar. Un tengo-que-que-ya-no-existe-pero-sí-un-tango-y-un-whisky.

El Carpe Diem de una caricatura ridícula y los pseudónimos que se quedaron bajo mi cama, entre una caja de zapatos. Un mundo de poesía que al fin se ha quedado atrás y mi frente que se levanta con un golpe de mentol, poniéndose los chapulines, ajustándose los jeans y actualizando pasaportes, para andar con marcianos en el ala de un vuelo de Taca.

...Y al fin llegó la mañana.

miércoles 4 de febrero de 2009

La pérdida de la inocencia


Todos venimos con una estrella, al menos eso es lo que toda la gente dice cuando se quiere referir o reafirmar el destino que cada quien ha llevado para sí. Yo más bien creo que todos somos una esencia, como los perfumes, con aroma distinto. Quizás es lo mismo al final, solo que con otras palabras y en imágenes distintas.

Recuerdo cuando mi hermana descubrió a sus cuatro años que Santa Claus no existía. Es más, ella rompió ese mito en mí…”Santa Claus no existe, es mi papá el que nos compra todos los juguetes y los ponen debajo del árbol”. Quién iba a decir, que un niño, le quitaría esa venda de los ojos a otro niño. Pero ahora ya no me sorprende: sucede que mi hijo José Pablo, de casi 7 años, tampoco cree en él. Es más, nunca lo ha creído. Sabe que papá y mamá son los que consiguen el dinero “de algún lugar que no se sabe” y van a Hiper a comprar juguetes o a otra tienda.

Pero este escrito no es ni sobre Santa, ni tampoco de la Navidad. Afortunadamente, porque muy poca gente que me conoce sabe que esas fechas para mí son un asco.

Si ponemos en el motor de búsqueda de cualquier página las palabras “pérdida de la inocencia” nos encontraremos con miles de artículos, blogs, comentarios y todo lo posible y por haber (incluyendo canciones) que hablan sobre esto. Y todos caen en lo mismo: sabemos que nacemos con una pureza innata y que el precio de la experiencia conforme pasa el tiempo, es esa pérdida incontenible e irrecuperable de nuestro identidad pura, y se le da paso a ese grado de malicia.

Recién estoy leyendo un libro de Sade, en cuyo prólogo aparece algo así “Bondad y maldad son un producto de la civilización, formas de conducta que varían según factores ajenos a la moral. Si nos acostumbramos a hacer el mal, pronto nos sentiremos fascinados por lo que en principio nos podría repugnar. La moral ha de ser sustituida por la fuerza. Y si la naturaleza hizo fuertes a unos, ¿por qué éstos han de renunciar a su poder?”

Tanto nuestros propios actos han fulminado con trozos de inocencia ajena y la nuestra, como los actos de otros lo han hecho contra nosotros y con la de ellos mismos. Es un canibalismo feroz y tan natural, como respirar. Sucede todos los días, en este mismo instante, alguien podría estar clavando una mancha en la hoja blanca de sí mismo mediante el espejo o bien recibiendo el clavo desde el otro lado de la calle (dicho metafóricamente). A veces, el poder es de uno, a veces la estafeta es del otro, y así, va girando el mundo, se destruyen astros, nacen nuevos y otros tantos ya no logran reconocerse el brillo en los ojos a través del paso del calendario.

Momentos tan fugaces, pero que fueron el inicio de esa reacción en cadena, como la primer mentira que dijimos cuando niños a nuestros padres, como la primer cosa que tomamos sin permiso, el haber copiado en algún examen, el cigarro clandestino en el baño del colegio, el novio (o la novia) que le bajamos a nuestro mejor amigo porque no pudimos resistir la tentación, la primera vez que traicionamos, las muchas veces que hablamos de amor sin sentirlo y cuando le dijimos a alguien un “no me gustas” tan certero, por miedo al rechazo. Todo esto envuelto en una doble vía, donde tanto fue lo que matamos, como lo que mataron en nosotros. Esa tan famosa ley de compensación que cuando se vuelve en un cobro hacia nosotros, no hubiéramos querido jamás saber de ella. Esas lágrimas que causamos, que nos causaron y ese beso con golpe que no veíamos venir, pero que llegó.

Recién ahora entienden muchos que la pérdida de la inocencia no es solamente perder la virginidad sexual, sino que va mucho más allá de lo que físicamente podríamos soportar. Por eso es que cuando uno se sienta y respira el dolor de otro pedacito de inocencia que se despide, se pregunta ¿cuándo termina?

No se podría hacer (al menos a mí me lo parece así) un balance entre lo que se pierde y se gana en este trance, porque cada uno diría que es más lo que ha perdido, que lo que ha ganado y viceversa. Todo dependiendo de esa “buena o mala estrella”.

Pero quizás, escribiría sobre mí, sin dar detalles. En estos momentos en los que veo que voy perdiendo a pasos agigantados una buena porción de esa inocencia (la poca que todavía poseo si se pudiera cuantificar), y que todavía me falta aún perder, cuestión de días. Ese miedo tan inmenso que sentí hoy en la madrugada a través de una pesadilla, en donde un fantasma arrancaba de mi vientre un trozo de naturaleza muerta y yo me veía con las entrañas abiertas y sollozaba sin pronunciar ni una sola palabra. Porque en ese momento, en el fondo, sabía que eso tenía que suceder.

Nadie, absolutamente nadie, entendería que esa buena tajada que pierdo es por el mismo amor a la inocencia. Por eso tan utópico que mi espíritu no se resigna a asesinar y que lo llevado a meterse en una guerra encarnizada por sobre la razón y esa contaminada realidad que mucha gente a mi alrededor se empecina en darme por cucharadas todos los días. Siento que la vida, con su corazón que late y que crece día con día, no tiene ningún sentido en tirar su semilla en este lado del mundo, si se alimenta con el sol de los rencores y con el agua avinagrada del odio. Porque uno, aunque no lo quiera, depende de buenos temporales para fortalecerse, porque uno no puede componer su aparato digestivo con leche agria. Balbuceos de vacuidad y de sombras. Sogas de deseos sin cumplir que se alimentan de las entrañas de la desdicha y de sentirse Dios para apuntar con el dedo a una Suerte sin nombres, con tal de acariciar lo que no es posible acariciar por un mero capricho natural.

Y al final todos jugamos a ser seres supremos, a sentir que debemos y necesitamos calmar, llenar, saciar y edificar en nosotros y en otros, lo que no es posible realizar con las manos sucias. Una espada de doble filo, por decirlo así: donde tanto estoy asesinando, como me suicido.

Le pueden poner miles de nombres: resentimiento, venganza, frustración, desespero, y aún así, seguir siendo un interminable enigma, para quien quisiera recibir las razones acostumbradas con esa sensación de quien lo sabe todo y desconoce mucho.

Por eso se dice que cada cabeza es un mundo, como cada alma es un universo. Por eso no me interesa que nadie lo entienda. Me corresponde ser yo el creador del plato, donde he de comer el propio dolor y sufrimiento, por las vidas que sea posible contar.

Esos crímenes perfectos que nos gusta cometer…a todos.

lunes 2 de febrero de 2009

Concluir (varios poemas)


Esta es una serie de poemas que dan por concluída (como el título de este post bien lo dice) uno de los miles de cromos que conforman mi existencia. Sin el sello de un nombre, ni una dedicatoria, simplemente el deseo de liberar estas palabras y que cada una, alcance el pecho de todo el que se detenga aquí y lea o el olvido de quien no guste de estos versos.






Luces

Voy provocando incendios en el céfiro
y dejo, de testigo al sol plomoso de la ciudad,
me atrevo a sacarle risas a la bruma
que a lo lejos trata de llorar escondida entre las olas,
soy quien extiende el pañuelo blanco dando bienvenidas y no adioses,
café matinal y charla sensual con el azúcar,
hago piruetas poéticas sobre los diarios
cuando su espalda me diseña artefactos voladores.

El pan de la tarde me llama…

la leche tibia de las estrellas me duerme….

El insomnio siempre llega...

Y él siempre me atrapa…

Los ángeles temen a la oscuridad
y mis dedos encienden bombillas con besos,
desato una alborada que toque ventanas y tiempo….

Inexacto, casi eterno…

Espacios que no se crean, porque nacen,
y tus pies descalzos atravesando en vorágine mis prados,
acordes y melodías elásticas…

Y vos…desafinado…

"Yo"... soy el mundo


Esferas

Telarañas platinadas,
numen de sílabas suaves,
silbidos de viajeros cansados,
tarareo de madres benditas.

La caja musical de tus pasos
tintineo de cascabeles,
noches gigantes, zarabandas y caudales,
labro la cintura de tus gemidos...

Remo en la brisa,
tu figura de agua se evapora,
de cabeza el paisaje
hoguera de camas, mesas…luces.

El laúd de mi ombligo
resuena, resuella, expira,
cabellos de ángel malvado,
mis siete pecados personales…

Caídas en que se te empozan las esferas,
(espíritu sombrío de tristezas)
y se agigantan en sonrisas,
mi eterno y dulce aventurero…
Y si tus esferas se apagan, no hay más poesía…


Alas

Fragmentos de diamantes
anillando ondulaciones de vientos,
aristas de mares,
plumas de amianto…

Atisbo tu vuelo delicado,
asiéndome las iris
al plenilunio de tu pecho,
¡amando el fandango de tu risa!

En tu rostro invoco la poesía,
y tu voz me crea nimbos en el alma,
desespero entre cristales
mariposa incandescente, inalcanzable…

Alza tu canto al firmamento
y profundízate en mi océano
agita los velos de la primavera
liberándome de todas las quimeras.

No deseo ser diosa
huérfana del imperio de tu vida,
ni quisiera ser reina
sino me coronan tus latidos.

Emerge del centro del universo,
ave acuática y cáustica,
déjame galopar contigo
a los confines del alba y su misterio…

A mi hombre alado.


Tu Sonrisa, Risa y Carcajada
(El Des-Orden de tu Espíritu)

Bordoneo bendito
clareando desde el centro
la batiente de mi alma embriagada,
madrigal tibio de astros ardientes…

Eres ensenada silenciosa,
y me desencadenas estallidos
cuando me cruzas las sienes
con tus coqueterías perladas.

No clamé a un Chopin
para que pariera un Nocturno,
si los ensueños musicales
de tu sonrisa me impregna de sinfonías…

Antología plena de versos
creando metamorfosis
a corceles blancos que trotan
por la dermis que me cubre.

Ángel taciturno
píntame paisajes en las piernas,
créame cielos rojos en la testa,
y en una carcajada deslízate en mi aorta.

No sellaré con mi beso de poesía,
si deseo que se desbanden
las palomas de tu risa,
y encuentren acomodo
en los ramajes de mis oídos:
cuando hambrientos se mezan pidiendo por vos.

Ventana

“Al marco”

Alabastro delineando cielos púrpuras,
arcada en decibelios altos de mi réquiem,
faroles incendiados de cara al averno,
segmentos de miasma en los ropajes del Altísimo.

Percibo del Hades su emanación arcaica
diseminando su gélida presencia en mi memoria,
entonces la inspiración pasa a ser estilete del llanto.

“Al cristal”

Eres el infante que guillotina bríos profusos,
letargo de ausencias y añoranzas de acero,
fundes en el eco de mi melancolía
la consigna de tu estirpe, como si fuese himno militar.

Cruzo en tus vitrales el Aqueronte,
y me abres de par en par la muerte…
inquieta como un puñado de libélulas,
absolviendo lamentos y rascando mi obituario.

“Aquí yace una condenada de la carne, eufemismo de su atrocidad”

“Del paisaje a la poesía”

Los visajes de la luna en consecuencia,
oquedades de la ira en mis sienes,
turbulencia precipitándose en el garfio de la puta,
esquinera de tragedias, a tu canto me resigno.

Caronte ¿qué te significan cinco óbolos por poesía?
ni aún si esta fuese el vino consagrado del perdón
podría pasar por la puerta ancha del flagelo que padezco,
hunde tu barca, retorna a tu guarida, que yo aún… soy de la vida.
Que la Sibila de Cumas me pincele en verso
la profecía que descubrirá la fealdad de mi rostro,
sin la putrefacción del maquillaje
y lo obtuso del paladar, ¡Oh final maravilloso, inmaculado!

Mi espíritu hoy se ensancha en cuatro bordes,
donde la ventana no es encierro ni disecciones,
es auxilio en el ahogo y tijeras a la pesadez de la bruma,
la pureza de la mañana y sus cabellos rubios de júbilo…

Ixtab, el suicidio déjalo caer en cuatro pétalos negros de la rosa,
la plaza nos espera y las hojas de los árboles
jugarán con las piedras de la luna
¿recuerdas nuestra infancia?

La poesía es de paisajes,
lo hermoso del dolor es pincel,
nuestra sangre el cáliz
y las venas, papiros al anochecer.

De la constelación, tres tesoros: Poesía, música y pintura…

Azul

Remolino de zafiros
despertándose y levitando
sobre las dunas de las mejillas
de astros nacarados…

De tus manos nace trigo,
en tus pies de mares escarchados
mojaría mis granates bohemios,
y la muerte envidiosa contemplará
por el ojo de la cerradura.

Soy ciudadana de cometas azules,
tristezas y melancolías celestes,
bocanadas de nenúfares
al languidecer la tarde.

…y susurrarte en aire la noche que nace…

Tu ausencia es causante
de sonrisas enanas
lamentos gigantes
y esperas del quinto color
del espectro solar.
Hombre de océano y tierra,
de cielos risueños
y profundas amarguras:

¿cómo pides poesía si tu rostro
juega a las escondidas en cascadas
que me ocultan tu hermosura?


Impulsos

Tiralíneas de olas,
aguas saladas
bajo la miel de los ojos,
impávido y tosco, agitas…

Apetecibles los pastos,
irreversible la mitomanía,
reversible la hiel del estero,
me golpeas para ver si sangro…

Profundizo en tus palmas,
me anexo a tus vértebras,
se humedece mi tacto
en tus curvilíneos trayectos.

Saber de ti no quiero,
pero siempre te espero,
el impulso morboso,
devenir de paranoias.

Infidelidad

Poesía fugitiva,
lectura escurridiza
timonel de soledades
y Ramón recita:

Mar adentro,
mar adentro.

Y en la ingravidez del fondo
donde se cumplen los sueños
se juntan dos voluntades
para cumplir un deseo.

Un beso enciende la vida
con un relámpago y un trueno
y en una metamorfosis
mi cuerpo no es ya mi cuerpo,
es como penetrar al centro del universo.

El abrazo más pueril
y el más puro de los besos
hasta vernos reducidos
en un único deseo.


Tu mirada y mi mirada
como un eco repitiendo, sin palabras
'más adentro', 'más adentro'
hasta el más allá del todo
por la sangre y por los huesos.

Pero me despierto siempre
y siempre quiero estar muerto,
para seguir con mi boca
enredada en tus cabellos.

Despedida

Elevémonos entre cortinas,
de un extremo al otro:
pesadillas en rojo y azul,
aborto de besos y candor de rosas.

Reposo en versos,
deshollino volcanes,
y grito en pleno vuelo:
“Vos siempre vas al centro”


Te amo.


**Poema: Mar Adentro/Autor: Ramón Sanpedro


Ecosistemas Musicales y Orgasmos Sonoros

Flauta dulce
que anegas con cicuta
los tormentos del desvalido,
de la doncella melancólica,
y la nostalgia del homicida…

Besas al piano arrinconado,
le despiertas en pasiones fogosas
que desollan al sordo
y practicas lobotomías al tedioso,
¡Qué sería del vuelo sin sangrar!

Al centro de la sala un violín
masturba con su arco
un harem de hermosas damiselas,
blancas y negras, neuróticas,
abriendo en flor el Apocalipsis de su sexo.

Pusilánimes devotos
cubriéndose la mirada ,
frente a la tocatta infernal,
que ruidosa corta las venas
del silencio azul y lo desarma…

La enfermedad sonora,
en su dialecto febril
con las campanillas del jardín,
alcanzan con su aroma de cáncer
la grácil nariz de la hechicera.
Una fuga de aire,
que del espacio a la tierra
esparce polvo metálico
colisionando con la madera
y sus caóticas llamas
forman caudales de erotismo.

El beso que cubre la vida,
lleva el carmín de la muerte,
y los dedos son instrumentos
de eternas heridas,
y precipitados amaneceres.


Aires

Los arpegios de la tarde,
paliando el azúcar salvaje
de los astros que viven
circundando mi diafragma...
te esperan.

La palidez de las flores,
que en su nostalgia semejan
desérticos albores,
transmutan al tornasol
de tu piel y el caleidoscopio de tu mirar.

Hoy me preguntaron
qué es poesía
y desde un haz de luz
hice nacer una vía láctea,
mientras que de la tierra
emergió tu ufano caminar:

“-¿Qué es poesía?-
-Es su belleza que no se esconde,
ni juega al escaparate
en la trastienda de algún rajá,
se suelta, se desdobla y se abre
como el océano al roce de la barca.-

Quiebro tímidos silencios
con la resurrección de tu tormenta,
y a veces pareciera que
detrás del sol, los elfos
exprimen limones sobre las montañas…

En el raudo vuelo de mi pecho
sé mi compañero,
que de promesas ya gimen los muros,
y en el céfiro se calla y vive
lo eterno.

Bésame, bésame siempre
entre la lluvia de oro,
la lluvia de grana, la lluvia de añil,
la lluvia de azules y verdes,
lluvia de vos... sobre mí.


Brebajes
(Homenaje a Ixtab)

El Psicópata**

La ignominia de la demencia
declina en la punta de la lengua
de los apostatas,
suelo sin pasos,
la comedia del terror.

Suerte de asesino
en la esclusa del arte,
ese que de día
le brotan témpanos de sangre
y de noche es lupanar de llanto.

La luna preñada**

Labrantío de violetas,
desoxigenación de ortiga
y vapuleo de nueces,
somos el polio del viento,
los colmillos de fuego.

Versos desflorando versos
y la personificación del abismo
entre los responsorios de las viudas,
todos, semejantes a suburbios alados.

Luces de Eclipse**

He visto cabalgar al misántropo
hacia la cúpula del cirio negro,
fracturar la nuca del clavel
y sedarse el rostro grotesco
con besos de Hécate.

Revienta la soga bermellón
del Fénix y únete
al festejo de intestinos,
el cianuro es espeso
y los violines decapitan licántropos.

Al poeta irreconocible**

Bengalíes deformes
formando cruces en las alturas,
no hay oro, sólo asco,
ojala existiera el pulido exacto
para los millones de silencios abortados.

El Rey de la Selva alza su pata,
y los alacranes llueven
sobre la húmeda soledad,
los fetos soslayados en drenajes,
sollozan.

La jaula de las fieras**

De este lado no hay faros
que amparen el luctuoso respirar,
hondonadas y cráteres de bilis,
torceduras de labios y azufre,
pueblo maldito, Belcebú pernocta
entre las ásperas rosas.

El Quijote se suicida
entre fauces de molinos,
música de piano
y ceniza de loco…


Poeta blasfemo,
oprobio de biblias,
transgresor de pantanos,
las llagas de tus pies
son el maná de tus hijos
nonatos.


Para Ixtab, con profunda admiración y respeto.
(**Títulos de poemas escritos por Ixtab)



Charlando con la Constelación

Cuchicheo de grillos nostálgicos
sobre una lágrima de amor
que anuncia la enhiesta presencia
de la noche…sin vos.

Pienso en tus ojos
como un par de hechiceros inquietos,
adosándose a mi suspiro,
disolviendo lamentos,
revolviendo en el cajón de la vida
y reventando libélulas
en la extensión de mi litoral.

Tu sonrisa es el terco arcoiris
empeñado en esperar tras mi ventana,
porque llore o porque no,
y este amor que me desolla
haciéndose rompecabezas de versos
que van a dar a tu puerta,
preguntándole a tu sombra
si sabrá reconocer tus pasos y tu olor.

Espero por tu alma de piélago
mientras mi beso de faro,
le sigue el rastro
al escurridizo corcel blanco,
el que nos ha llevado a recorrer
equinoccios indescifrables,
para luego reposar en las faldas de volcanes,
donde he recorrido tu poesía
y has quebrado el silencio
con tu honda ternura preguntando si soy tuya,
el sitio donde yo ahora me encuentro
y con la tiza de estrella te escribo en una nube:

“Algo hay en tu presencia
que el genio desata
y algo hay en mi soledad,
cuando tu nombre mudo, me ata…”


El Beso Rosa

Saliva carbonizando jardines ecuménicos,
rozando albas de bermellón
y tostando caderas de café,
cuando tendida en la cama
te dejo abrir mis labios para ceder
a los incendios orales de los tuyos…

El retoño del sexo se asoma
a tu lengua y somos el vuelo
de las sábanas,
receptáculos de salvajismo y dulzura…

Gemidos marcando horas…
-sesenta y nueve en punto-
en las cimas tus palabras y las mías,
dibujando gatos y gatitas
con tu crayola de sangre
y mi clítoris de parafina…


La Brisa de los Vinos

Tentempié de glóbulos rojos y blancos,
sin el coágulo que se pronuncia
en contra de los bramidos del espíritu,
y en la supernova de senos de esta noche
Dionisio abrirá su pecho y se amamantarán los leones.

Sacrificaré la tersa piel de una uva
y de su mística esencia bañaré los océanos,
púrpuras como la marea de un ebrio
que su tambaleo es sólo danza,
es sólo ballet contra sus dulces muertos.

¡Entonces avivaré el incendio!
y como un Aquiles
en contubernio con la lanza,
dejaré que por el talón la serpiente
desahogue su ira y me sujete de las caderas,
volviendo el buqué del veneno
en zumo para Náyades y Erinias
en un festejo de panteones y nacimientos.

El brindis

¡He vuelto amigo Pegaso!
Has estado fuera,
esperando paciente mi sanación,
mi enfermedad fue larga
cáncer de bilis y platos de excremento,
lejanos estaban nuestros días de batalla
cuando tus alas eran escudo y espada,
y yo era el timonel entre los vientos…
¡Despierta amigo!
Y bebe un poco del Lerna,
un largo viaje se aproxima
cerca estamos de encontrar cielos
de lino y de seda.

Florecer

La vid abre de nuevo sus ojos,
su mirar inquieto se ha posado
en mi pecho de juglar,
desposándose con astros naranjas,
y tatuándose gatos al centro…

Otoño

Es hora de salir, amor,
a caminar, a charlar,
el tiempo es una bola de estambre…
vente, aún tengo cigarros
y la luna tiene un ojo cerrado y otro abierto…

¿Se lo pinchamos?


Aves

Ondas febriles
traspasando esteros,
de congojas que soliviantan
la pasión
y mutan en ogros de témpano.

Tienes el ojo del cielo
en el centro del corazón,
disparando corolas,
enroscando tu matiz de agua
en los montículos de mis ojos.

Desafías el paralelo del porvenir
con la sangre caliente de tu parpadeo
y las rémigas de tu poesía,
eterno amante de Euterpe,
baja el escudo, suelta la espada,
duerme en mi regazo,
la bóveda celeste dormita
entre la boca del sol…

Guarda el beso en el empíreo de tu boca,
y suéltalo en pleno vuelo,
que su toque
sea el despertar de duendes y gnomos,
y tu aleteo sea el sonido de guitarra
para saber en dónde aterrizar.

Te extraño.


Vitrales

…y de la noche son los cadáveres y las calaveradas,
Mientras que del día serán las dulces señoritas de
Lenguas bífidas y vientres de cocaína…

Exprime una luna de fuego
mis dolores ováricos
y dispara hacia la estrella roja
una docena de espinas
con el canto de un enano
y el libro de siete sellos.

Es un espiral y lo sintético
de vasos aglutinando páginas,
sofocando vientos
y chocando venas
en sobredosis de heroína.

Mientras que…

…mientras que….

¡El solsticio cae!
La arboleda esgrime
a los gnomos y hace brincar
a su nahual,
el de pelaje naranja
y seis manos,
haciendo corazones
con pezones de doncellas
y escondiéndole la espada
al matador.

Desde el panteón llueve,
sirvámonos un trago
y entre brujas
viajemos en el lomo de Pegasso,
la casa, el campo,
las pinturas, la música
y un café nos espera.


Tangerine

Estiremos los relojes
con naranjas que revientan en el pecho
y mieles que desatándose entre los vientos
rompan las avenidas
que enjauladas en monotonía,
expanden sus alas al verte pasar.

En tu voz de guitarras
y la acuarela de tus orejas
hay espacios para universos
y Pegasos que beben café.

Cuánto amo tus brazos de montaña
y tu peso en gajos sobre mi
campo fermentado.

Posees el misterio oriental
de la pimienta
y la frescura exótica de un París
en una tarde de helados de mandarina.


Psiquis

Solamente el vientre
en caos de cafetales y
espasmos siberianos
podría capturar el germen
mágico de una grulla.

Levántate,
que tu lengua gire
en microcosmos
y expanda mi clítoris...

La bebida caliente es azul
y no todo siempre será en colores
cuando pensemos en lúcuma.


Simple

De este lado
Dejaron de cocinarse habichuelas,
Se detuvo el paso del río
Y charla con un océano de fantasmas.
Más allá se mira el espacio pausado
De un montón de monos
Que han hecho huelga,
Y por acá hay una silla
Que se deja comer por las polillas,
desde que su pájaro favorito
se fue a sobrevolar otros paisajes.

Nada ha desaparecido,
El óleo se ve demacrado,
La luna se ha desteñido
Y el alba tomó el último bus
Hacia el Trópico de Miauf.

Pero no te preocupes,
Aquí sòlo es una pancarta
Teatral, que en simpleza de niño
Te dicen: Te extraño.


Desde Las Cloacas de Mis Pesadillas…

Le bon pasteur (Haikú).

Es duro el trabajo de la pesadilla,
es duro
arrastrar de día el carro de las marionetas,
de noche; y ser una de ellas
mañana, cuando abran los ojos
para no ver
que la bailarina de cuerda danzando entre ellas
mueve ella misma el resorte.
(Leopoldo María Panero)

Desperté con un
océano de batahola
en los oídos
y la lengua
con resequedad
de clorofila.

Es un día bonito
afuera
y la baldosa
es recipiente perfecto
para mi náusea
y mi cáncer
de recuerdos.

El sol encuentra
mi sombra marchita
y tratando de alejar
su garganta amarilla
me pongo el cerrojo
en las manos mientras
le dirijo un canto antiguo
que aprendí de una bruja celta:

“A mi mejor amigo
le heredo mi más rica siembra,
por haberme tratado
de esperar bajo las umbelas
del cielo y guardarme
un manojo de cigarros de canela”

“También dejo a aquel
que fue el cómplice
de pergaminos de gloria
y pañuelos de sal,
mi pluma,
la que un día será el polvo
rozando sus fosas
y sentirá las cosquillas
de una vida que decidió ser fuego,
inmolar versos y parir fantasmas”

“Para el alma de mi poesía
no dejaré mansiones
ni regalías en botes de miel,
quedará, sí, el último latido
como rocío en boca de girasoles
que refresque sus albas
de añiles, rojos y azules”

“Y termino con
aquel que posee
el secreto del amor
de volcanes
y lava de cerveza,
a quien le dejaré
una constelación,
un zoológico sin barrotes,
aquel Guayaquil de malecones,
y una rosa sobre la cuna,
del hijo que nunca pudimos tener”

Terminé aquel canto
y entonces el sol
dejó de alardear
en mi ventana
y de un brinco
se ahogó en un charco,
el mismo
por donde yo pasaba ayer...
con la última esperanza.

…Pero yo no quise decir Fin…


En La Ciudad de los Discapacitados

Estrella de la Tarde

Me encontré en la inflorescencia
de tu aroma y tus danzas orientales,
cuando formabas símbolos en el aire
y yo reía al no entender
tus gestos de suicida en potencia…

A ratos estallan
los témpanos en medio
de los soles que padecen lumbago
y las estrellas que sufren artritis,
poseyendo a la madre
que al ver a su hijo alejarse
enjugándose las lágrimas le grita
“Dios te guarde, Dios te guarde”…

Arranco un manojo de lunas
y en el hocico de todos
los cadáveres de batallas,
en selvas de adioses,
me siento a escribir:

"Pena

He puesto a hervir en
un iglú de poetas
mis heridas de hoy,
rascándome las axilas
y preguntándole a la
avenida cuándo se dignará
a quebrarme las rodillas
y ésta es un montón de ladrillos,
que rebosan en polvo de esclerosis
marcándome en los ojos
fotografías que preferí esconder,
para sufrir de amnesia."

Mujer-Pájaro-Estrella

Aquel pintor nunca supo
de la llaga que la mujer
ocultaba bajo sus pechos,
y sí conocía el líquido amniótico
que protegía sus sueños,
cuando despertaba a mitad de la noche
y éste le hacía un agujero
en el vientre
para comerse su sangre
y dejarla en medio del alba
con un vacío de montes.

Y ella poseía un pájaro
entre sus pulmones…
Y él reconocía el sonido,
pero quizá no observó
por entre su plumaje,
que había más de un girasol…

Ella le llamaba su Estrella
y él pensó
quizás… quizás…
que se trataba
de toda una constelación.

Migrar

Al fin fue escuchada
la oración de los doloridos,
y voy hacia la ciudad
de los discapacitados
con una sonrisa
en el gesto,
con tristes madrugadas
y el sonido débil
de un acordeón
que me muestra
la habitación
con la esquina puesta,
una silla de ruedas,
y mi incapacidad de amor.


Cuando La Flora y La Fauna Charlan con la Distracción
FLORA

Las Hespérides claman
a los nigromantes
en sus pupilas verdosas
y zapatitos de coliflor.

¡He aquí los cánticos
de días victoriosos
y esperanzas sin recelo
como un buen helado de higo
en una tarde de sol!

Baja la Abeja Reina
hacia la boca de bejuco
de un tierno pájaro,
con aliento de pétalos
y vuelos de rocío:

“Echémonos en la hamaca
mi buen amigo,
bebamos una cerveza
que nos recuerden muslos
de morenas ardientes o vientres
de rubias moviéndose al compás
de un rico danzón”

Y éste salió reventando
las calles plagadas de barrotes
y disparó su techo de neuronas
hacia la constelación
donde nada que se desee con alma,
muere cuando se ocultan
las estrellas, donde todo es vida,
y el café es aquel milagro
de cofres amarillos
y tiernos corazones de fresa.

FAUNA

En la teoría de la digestión
salen al exilio millones de
bichos bigotones y de
pasitos tangueros,
haciéndole cosquillas
a los caminos intestinales
que refractándose
recrean aquellos espejismos
de grandes salones y bailes de seda.

Soy parte de esa interminable jungla
conviviendo con los más revoltosos
hasta con aquellos de manso respirar
y le rehuyo al pasado,
al recuerdo de pantanos y agua lodosa,
porque hacemos apestar al vivo
y engrandecerse al fallecido,
si es que se guardan rosas secas
con el formol de la desesperación.

Todos somos animales,
guiados por el instinto
por esa corazonada de
luces y faros
por esos olores
perceptibles solamente
por el alma de quien
reconoce
en los ojos del que ama:
la poesía y su resplandor.

DISTRACCIÓN

Cuando la sirena
sube a su ventana
de mar,
me solloza la mirada
y combino con su canto
mi suspiro de violín:

“¡Si estuvieras aquí
la madeja estaría revuelta,
la cama desordenada
y tu ropa con aroma a lis!”

Entonces mi compañera
desciende
busca su coral y se refugia
y mi pecho se duerme…
Silencio…silencio…
Deja que la tranquilidad
brille como un beso de coco
y medias de lana
en el círculo polar.

Soy un poeta,
con tanta pobreza
en cada bolsillo
como riqueza en el paladar,
con tanta desolación
en la garganta
como riqueza en la mugre
y la ociosidad de mi interior.

¡Mírame!
También soy un loco
con su cómoda celda
en un manicomio multicolor,
pero me he aburrido ya
y preparo las maletas
porque hay otro que me espera,
abriéndome la soga
cada vez con más calidez,
reventándome las venas
en calles de antaño
y muecas de pura ingenuidad.

-Hay algo que hace tic tac-

Claro,
son las ocho y media,
¿qué pasó con el proyecto?
No lo sé.
Pero sí recuerdo…
recuerdo que te daba un beso
de cebada…y me paseaba
por las líneas de tu cuerpo
marcándome el paraíso
de llegada a On the Run.



El Beso del Ligre

Sucedió en la India
donde no adoraba
a los elefantes
y rebelde,
con palabras sin brida,
jugaba a las apuestas
con tu saliva de chocolate
y el aliento de nicotina,
donde tu beso era
rugido de tormenta
en mi boca de maremotos.

¿Hay distancia?


El Silencio de Benedetti

Ya no deseo ese rostro de vos
apuñalando, calcinando,
con tu palabra sencilla
y tu respirar intacto.

Yo sólo quiero cerrar
este libro y volver al ruido
de sus zapatos...

¡Cállate Benedetti!

Estoy agonizando...

Al Mar de la Memoria

Una cálida bocanada
de sal en el desierto
y la lluvia latente
de la tierra...
Ojalá pudiera estrellar
mi vientre en las olas,
explotar en caracolas
y expandirme en tu océano...
¿Olvido?


La Tristeza de un Gato

Como puntos
inyectados en la noche,
sus ojos se revientan
en tortugas viejas y suspiros...

Tengo la sonrisa de bigotes caídos
y las manos cerradas
formando puños contra el viento...
¿Qué haces?


El Sol que Hay Afuera

Tremendo fogarón de ilusiones
en los ojos del inocente,
en la entrepierna de la esperanza
...y en la boca pastosa
de mi verdugo en el tiempo.


La canción de un Ahorcado

Estoy a punto de asfixiarme
en el exceso de aire
de una tarde cualquiera
donde no soy nadie
y busco la soga
que acabe con la garganta
de mis pesadillas...

Ese montón de vacíos
que forman,
el degenerado espectro,
de tu ausencia.
¿Y tu mano?


El Sueño del Príncipe-Monstruo

Anoche tuve un sueño
claro como un faro
oscuro como cloaca:
Había un Príncipe
con su cabeza de sueños
y sus pies de tristeza,
ojos de monstruo
tragándose la tierra...
Pero falleció y su olor quedó aquí,
cuando se abrió la puerta
y te fuiste volando...


Oscar

Viento perlado de las mañanas,
que agita sus brazos ufano,
hurgando en el ombligo de Dios,
surcándole mesetas y continentes,
bañándose de mares, poseyendo
las libélulas de la tierra y rociando
de lágrimas el paladar de alguna plaza…

Sos del viento.

Escondes tu rostro entre la luna de oro,
y desde los polos de mi habitación
voy dibujando tus ojos que son mi patria,
y tu libertad que ata las velas de mi barca,
llevándola sobre alfombras mágicas
hechas de plumas de guacamayas…

Sos del viento vespertino.

Tus dedos de noche y guitarras sin acordes,
en el silencio desmedido que desemboca
en ríos de imaginación…

A un costado de mi cama existe tu cuerpo,
a un costado de mi pecho habita mi poesía
y al centro de mi corazón, habita tu nombre…

Sos del viento nocturno…

El alba enrosca su lengua de corales
entre mi columna y se han quedado cautivas
todas las estrellas, y se yergue de nuevo el día
presuroso y despreocupado,
tenso y acongojado…

Tu viento repentino se tira desde la ventana,
impregnándome los dedos de algas,
preñándome el vientre de fulgores…

Sos del viento…

Versos como chispas
en la gran fogata de la vida,
en aquellos laberintos infernales
donde quizás nos encontraremos,
donde alguna vez escuché tu voz
y escuchaste mis palabras,
hoy cuando se despiertan hábitats
de nuevos animales,
pasillos con revoluciones sin explorar
y tu poesía es lluvia multicolor,
dispersándose en el universo…

Sos de los vientos.

Yo soy una nariz.


Silencio

Esta jaula de grises barrotes
se adhiere a mi cuerpo,
como una tormenta de ceniza
en días veraniegos…

Mi única selva ahora se forma
de cirujanos plásticos
que no saben reparar heridas,
de señoritas snobs
contándose chismes a las nueve
de sus últimas conquistas,
y anuncios de perfumes que despiertan
amores que apestan a formol.

Soledad. Cuánta soledad.

Existía un nido de pansas
que se hicieron la liposucción
y ahora son un cajón de pellejos,
que corro a devorar por fragmentos,
cuando se me brinca el occiso
que llevo por dentro.

Estos son mis días…estas son mis noches.

Murmullos y no hay palabras.

Palabras y no hay sonido.

Sonido que causa silencio.

Silencio que causa… nada… no causa nada…

Ya no hay guitarras que corten
mandarinas en pleno vuelo,
ya no hay pinturas que rebanen
manzanas en sus paletas,
no encuentro un libro que levante
mis oxidados párpados y haga crujir
un poco los huesos.

Me preguntas del amor,
y solo supe uno de sus tantos nombres,
innombrable,
intangible,
incoherente,
con tanto ardor que alguna vez,
se quemó las alas
y ahora es un pichón renegado por su autismo…
nadie lo quiere llevar.
Cuánto silencio.

Cuánta nada.

Las cucarachas danzan a mi alrededor
como si fuesen los bufones de la soledad…

Soledad. Cuánta soledad.

La cama y yo somos un solo objeto,
el techo y mi cabeza son un solo movimiento,
mi boca y el silencio son un solo engendro…

Pero la noche llega y aúlla,
y la luna se cae y guillotina al sol,
y me embriago de nada,
me idiotizo con su perfil
y escribo en la nada.

Soy la bóveda del silencio
y mi garganta siente el grito,
pero mis labios son ácido,
el polio del viento,
el deslucido rostro del insomnio…

MUTE:

-Yo sólo quería decir que…-

-Silencio shhh silencio… silencio…-

-Pero yo sólo quiero decir que…-

-Silencio shhh silencio… silencio…-

-Es que en realidad yo…-

-Silencio shhh silencio… silencio…-

-Extraño su….-

-Silencio shhh silencio…silencio…-

-Me falta el….-

-Silencio shhh silencio… silencio…-

-Nada… entonces nada…-

-Claro que sí. Silencio.-

-Sí. Silencio.-

FIN.

A los Ojos Lilas del Niño Poeta
I


La maldición


La luna me descarga laberintos
en el jardín trasero de la casa para
bajar a los infiernos y buscar
la vieja Biblia Negra
que solía usar para volar.

Un millón de carcenberos me alcanzan,
no se enfurian contra mí,
más bien sonríen conmigo,
y de brincos, saltos y piruetas
vamos corriendo tras el campo
contaminado de ántrax y agonías.

Olvidé en qué ventana dejé colgadas
las alas, por eso ya no quise elevarme,
y no reconozco el sol desde que un rótulo
me fue puesto como antifaz en la mirada.

Hoy estoy triste,
y aunque proclamé mi muerte,
semanas atrás,
mi catalepsia me jugó una mala pasada:

-Maldita, levántate del colchón, hija de puta,
tanto que te quejas, que me da asco encontrarte
rodeada de libros de versitos de mierda y botellas de vodka.-

-Fuiste un intento de bruja, fuiste caricatura de musa,
robaste despegues, arrancaste plumas y quemaste
bosques añiles a guerreros que ofrendaron su vida
por una de tus miradas y descubro ¡ahhh cínica!
tu ojo de vidrio.-

Y de un puñetazo me arrancó un caleidoscopio
que me había dejado en la retina el amor,
para poder ver mi realidad distorsionada.

II

La casona

Buscaba tus cabellos castaños
por entre los ramajes del selvático pincel,
a gatas fui llegando hacia la sala
y quise brincar por encima de tu fotografía
para robarle un beso a tu boca lejana…
Me asusté. Tuve miedo.
De un furioso puñal regué en miles de tonos
tu risa por entre los pasillos
y me hice un epitafio con el lado vacío del lecho,
a donde ya no alcanzaste a llegar.


Es medianoche. Saldré a buscarte.


Me seco los mocos y suelto mi
cabello enleonado, las llaves que ya no cierran,
los cerrojos que ya no abren.

La casona.

III

El resbaladero

Se agitaba mi corazón a veinte mil revoluciones,
movía de un lado a otro mis brazos de molino
y mis labios temblaban como quinceañera.
A tropezones llegué al esófago de Rama
que me señala un pergamino… un canto:

“¡Oh, Agni! ¡Fuego Sagrado! ¡Fuego purificador!
Tú que duermes en el leño y subes en llamas brillantes
Sobre el altar, tú eres el corazón del sacrificio, el vuelo osado de
La plegaria, la chispa escondida en todas las cosas y el alma gloriosa del Sol”

Himno Veda


Cerrando los ojos fuertemente,
me dejé llevar por su viento ardiente
y llegué hasta él.


IV

Los perros


-Me siento cansada,
necesito recostarme,
que sus manos amarren las mías
y haga mi cuerpo reposar en el suyo,
desnudos, sin prisa, sin tiempo-


Y todos en un sólo ladrido,
me transportaron hacia la puerta principal.
V


El niño poeta.

-Estoy enfermo, estoy muriendo.-

-Tengo tres horas para hacer lo que quiera, me dijo el doctor-

-Un batallón de jeringas me espera y yo al fin seré libre-


Sus ojos se llenaron de lágrimas.


-Mi niño poeta, no sabes tú cuánto te he amado.
No me dejes sola… no me abandones.

La poesía ya no ríe, mi alma ya no canta,
tu magia levantó a mis muertos,
todos danzaban y éramos felices.

¿Qué voy a hacer si tú te ausentas?

Mis hortalizas serán un puñado de
amargas estancias y Van Gogh se cortará la otra oreja.-


Caí desconsolada a sus pies,
cubriendo mi feo rostro con
esas gotas que emanaban de un extraño girasol.


Era rojo.

El niño desapareció. Tenía diez años.


Yo desperté en mi habitación
y me estrellé contra la pared
que sólo me dio un golpe bajo,
en el corazón.

VI


Me despido

Aún respiro entre albas,
entre eclipses y rayos de amaneceres
de antaño.

Mi habitación aún muestra
las marcas de aquel polvo que esparcía
por mi cama y que hacía danzar a la gitana:
¿la recuerdas?

Mi odisea de veintiún años
está por terminarse y sólo buscaba una cosa,
una vieja carta, que hoy encontré:

21/02/2007 12:08:20 p.m. Dorah dice: ayer me comentaste de una frase que se te quiere salir,,pero no puede,,que duda,,que es tan grande para entrar en esa puerta inmensa

21/02/2007 12:08:31 p.m. Dorah dice: recuerdas?

21/02/2007 12:08:41 p.m. Dorah dice: esas dos palabras

21/02/2007 12:09:26 p.m. Gata dice: sí

21/02/2007 12:09:39 p.m. Gata dice: las siento constantemente

21/02/2007 12:09:42 p.m. Gata dice: así

21/02/2007 12:10:10 p.m. Dorah dice: Yo tambien

21/02/2007 12:10:41 p.m. Dorah dice: si es que te lo digo,,,tendria que estar escuchando tu respiracion

21/02/2007 12:11:02 p.m. Dorah dice: y te lo dire


Pero aún no me he jugado la última ficha.

La muerte:


-Jajajaja, yo tampoco, el tiempo ronda,
Tu cabeza pronto será mía… ¡Volveré!-

Adiós.

El Blues de la Lluvia en una Tarde de Junio

¿Qué es del paso de una gaviota que lleva vestigios de llamas en sus alas?


Le aplico perforaciones al ombligo de los paraísos de tu serenidad,
formando vitrales colmados de las cristalinas gotas de mi ímpetu,
ya no te nombro, porque tu nombre es del universo flotante de mi mente,
no laceran mis pies los acolchonados cuerpos de las quimeras…hogueras tenues.

Cuánta riqueza encuentro en los árboles frutales del nirvana de mi espíritu
las artes de la noche y del día hacen brotar amapolas de las palmas de la tristeza
¡Subir, caer! ¡Vaivenes naturales y maravillosos de quien está enamorado!
Llegaré hasta tu vereda marcando con tiza los rasgos de la aurora compartida…

Entre el canto de los pájaros encontraré el aroma de tus palabras
las cobijaré en mi pecho para luego libertarlas en el manto estelar de la distancia,
pasado y futuro liban de la copa del hoy,

por eso es que hoy…sigo aquí...

En un vals de crisálidas voy festejando el cortejo de tu cuerpo desnudo,
entre los espacios de tus huellas a las mías, dejo que se filtren las chispas del ingenio
y tus dientes encallarán en mi suspiro nocturno, sigiloso como el beso primero,
hilvanaré mis seiscientos doce asteroides y los colgaré en tu cuello…

En un beso al viento rompí el cayado que me marcaba el rumbo hasta tu sombra,
¿sabes por qué? Porque me reconocí en tu mirada,
porque eres el que no llora en madrugada, a quien no necesito seguir,
si sabemos que tarde o temprano, compartiremos del amor, su estancia.


¿Qué es del paso de una gaviota que lleva vestigios de llamas en sus alas?

Aventuras en la Jungla de los Espíritus Circenses

Mi corazón fragoso arde
en el penacho mágico de su encanto,
la noche es una pantera que acaricio
con el aire inocente de los sueños,
que descienda el plumaje del éxtasis
y cobije los dones nonatos de mi espíritu,
danzas tribales de dioses y diosas
en los vértigos que dibuja mi insomnio.

De las costillas me refulgen los cometas que navegan
atravesando las células del silencio,
y ante el dolor de parirlos
se riegan de colores los abismos,
soy lo innombrable de la bondad de magos y hechiceras,
la candidez de tu piel envuelve cadáveres pretéritos.

En dentelladas de mi vientre degusto la orquídea
que te nace en los labios,
el infierno amarra lenguas y desata
las mieles contenidas en el paraíso de los verdugos,
vierto sulfuro de estrellas
en los aceites aromáticos de mi sensualidad,
dermis que se levanta
y deambula por las papilas gustativas del placer.

Del óleo de tu naturaleza es mi pincel,
de los matices de tu aura mis ojos esclavos,
amordázame y esculpe en mis huesos
la lápida en honor a mi debilidad…

La poesía es la llama que otorgas de mano en mano
¿quién habría de humedecerlas antes de recibirla?
Mi mente es el caos diamantino en males colectivos,
tranvía de irregularidades,
pueblos fantasmas, aglomeración de sudores.

Poseidón, Agitador de la Tierra,
el océano iluminado espera,
hundámonos, éste no será el bautizo de mi tiempo,
será el sacrificio leve entre tus fauces,
porque en las olas de tu saliva:
Su alma es la tormenta…

Fulgores

Burbujas saturadas de colores
en esta tarde rojiza de símbolos…
¿A dónde me llevas? –te pregunto-
Y al lugar que me encaminas carece de sentidos.

Si hacia la derecha, la góndola de los deseos,
por la izquierda las luces de la mañana
y el albor de tu poesía en el centro,
mientras, observo cómo tus ojos se pierden y cabalgan sobre mi alma.

Siento la lozanía de la risa y su trayecto
¡mira qué hermosos niños envueltos en la seda de girasoles!
Gotas ambarinas abriéndole surcos a la fe,
aunque mi piel se desgaste cubriré tus campos de juventud eterna ¡seguiré!

Percibe el júbilo de una naranja al exprimirse en el fervor,
la delicia de su jugo ofrendado a nuestra garganta –enamorados-
contempla la primicia de la noche y sus calladas constelaciones,
que mis pensamientos te formen una danza de peces, que te adoren.

Lloraremos, lo sé, y las lágrimas formarán collares,
enfureceremos y los enojos formarán volcanes…
¿Qué sería de un paraíso sin sus planicies y sus cumbres?
Allí será pues, el aposento donde te espero, para amarte.