viernes 20 de marzo de 2009

Baile de cimitarras

EL EXTRANJERO

- Hombre enigmático, dime a quién amas más:
¿a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?
- No tengo padre ni madre, ni hermano ni hermana.
- ¿Tus amigos?
- Usa una palabra cuyo sentido me es desconocido
hasta hoy.
- ¿Tu patria?
- Ignoro bajo qué latitud está ubicada.
- ¿La belleza?
- Con gusto la amaría, diosa e inmortal.
- ¿El oro?
- Lo odio tanto como usted a Dios.
- ¿Qué amas entonces, extraordinario extranjero?
- Amo las nubes... las nubes que pasan... allá...
allá... ¡maravillosas nubes!

(El spleen de Paris-Baudelaire)

Recuerdo un anuncio de un banco del sistema que burbujeaba como un cáncer sonoro en todos los recovecos de la ciudad hace un tiempo (y creo que para mala fortuna de la publicidad, que siempre me ha parecido una lacra, todavía existe el lema): “Casas, carros, puntos”. Un manojo de gente brincando de un lado a otro en la pantalla, o con sus gritos de emoción en la radio, exclamando que la felicidad se encontraba en cualquiera de esas cosas. Una familia maquillada y prefabricada, con actores que tras las cámaras se gritaban improperios y los niños tiraban patadas al tobillo del director, al encenderse las luces y tras las palabras “luz, cámara, acción”, comenzaban la pantomima de las cosas que son generalmente aceptables y que son el futuro, pan nuestro de cada día, cada año y toda la vida respiratoria de cada uno de los que estamos aquí.

Anoche me invitaste a un café, recuerdo cuando recibí tu mensaje “si estás sola hoy y no tienes nada que hacer, acéptame la invitación, muñequita”…me maquillo los ojos para ocultar la tristeza, me arreglo las mejillas con rubor porque éste ya no brota natural, y me apago el brillo de la cara con polvos, porque es demasiado el reflejo que causa mi tedio. Y salí, hacia un sitio cualquiera, en una hora que ya no recuerdo. Te vi mientras te levantabas emocionado a saludar y me ofrecías asiento.

Diálogo primero:

-¿Cómo estás?

-Viviendo.

-¿Bien o mal?

-Ni bien, ni mal.

-Ahhhh.

-Sí.

-¿Y el trabajo?

-En el mismo lugar de siempre.

-¿Y la casa?

-También, sigue sin moverse. Apuesto que al salir de aquí, estará allí donde la dejé cuando salí.

-¿La familia?

-Todos bien.

-¿Los niños?

-Dormidos a esta hora.

-Mira pues, qué alegre que todo está bien y normal.

-Sí, a mí también me tranquiliza saber que todo está bien y normal. Como una bala que no pierde su dirección.

-Jajajaja, qué cosas dices.

-Sí, qué cosas digo.

El café se enfría. Bebemos, mientras él gira el rostro hacia un costado y yo lo giro al lado contrario y hacia arriba.

“Me gusta tu cara, pero no tu rostro. Me gusta el color de tus ojos, pero no tienes mirada. Me atrae tu figura, pero tu sexo es demasiado frío para mi calor de noches de infierno.”

Diálogo segundo:

-¿Y qué tal todo con la poesía?

-Allí. Por ahí, por allí, por allá, por acá. No sé donde esté ahora. Afortunadamente.

-A veces no comprendo lo que me dices. Eres una mujer muy complicada.

-Sí. Lo soy. Eso es lo que causa curiosidad allá afuera. Como ver pasar un dragón de pansa rosada.

-Ya es tiempo de que dejes las drogas.

-O de que ellas me abandonen.

-¿Tenés sueños?

-Sí, los tengo.

-¿Cómo cuales?

-Quisiera una mansión de unas 8 hectáreas, en una ciudad donde mi vecina sea Madonna para que me invite a sus orgías y del otro lado Britney Spears para que nos salgamos un día juntas a reventar vidrios con bates de beisból. Al frente sería maravilloso tener a Al Pacino, le preguntaría por qué ya no hizo otra del Padrino y dos casas más arriba a Leonardo Di Caprio: me gustan las novias que se engancha. Juro que por una de esas tipas me vuelvo lesbiana.

-Jajajajaja, y eso que no te he invitado a un par de tragos, esto es solo café.

-Sí. Como todo en la vida.

-Bueno, fue una extraña plática, pero me tengo que ir. Mañana hay trabajo y no me puedo desvelar.

-Así es. Yo tampoco me puedo quedar mucho tiempo. He aprendido que no es bueno quedarse mucho tiempo en un solo lugar. Así que también me voy.

-Entonces hasta la próxima.

-Hasta cuando haya otra vez tiempo.

Camino hacia mi casa y veo a unos borrachitos tirados en la acera, peleándose por una cobija y por el último trago de química. Al otro lado, un travesti con su vozarrón de barítono ofreciendo una chupada a los nenes que andan en sus carritos de lujo buscando aventuras. Qué buenas piernas tiene el tipo, mejor que las mías. Los niños ofreciendo dulces en cada luz roja del semáforo… cómo quisiera que esas luces fuesen espirales disparados a la atmósfera y la aurora boreal un resbaladero para jugar con ellos y poder huir juntos de la bruja mala y el mago malvado.

Llego a casa. Abro la puerta y atravieso ese angosto pasillo, como un túnel hacia el camposanto. Aparezco en mi habitación y me quedo en la puerta observando esa cama de crepúsculos y las ventanas de lánguido azul, el edredón de flores con sus tallos que asfixian la vena de fuegos artificiales y sus pétalos agrios de lo que se ve tan lejano y no se deja acariciar.

Mi espíritu es un ruiseñor que se ha quedado afónico, mi corazón es una cavidad que bombea, pero no explota, mi fe es esa llama que olvidaron apagar y que le tiro ramitas para avivarla. Mi voluntad se encuentra adolorida, pero no toca el piso, tanto como mi aliento de absenta no ha hecho corto circuito con el celular.

Es todo, o es nada. Es poco, o mucho, es arriba, o abajo, es caliente o es frío. ¿Tanto asco provoca mi verso en los oídos del mundo? ¿Tanta peste arroja la inmensidad de mi mirada sobre el alba que pone cabizbajo al sol?

Rompería filas de ejércitos con mis pasos de praderas y selvas, devolvería el agua al desierto con mis lágrimas de dolores tornasol, descansaría mi madre su agotada cabeza, sobre mis hombros de nubes y mis hermanos tendrían jardines de globos y árboles de miel sobre su techo de roble.

La lista de motivos, como la lista de compras. La lista de pros y contras como un juicio previo. La lista de beneficios como abrir una cuenta bancaria. El gozo que producen las teclas de la misma canción que como un péndulo idiotiza santos y eterniza muerte.

El pecado. Lo injusto. Lo correcto contra lo incorrecto. Toda esa terminología de diccionarios y enciclopedias. Todos esos gestos sobre mi cara que ya reconozco y los nombraría sin verlos, con su nombre y apellido. Mis injurias contra su sistema. Mi rebeldía contra su seguridad. Mi guitarra contra su violín. Mi saxofón contra su trompeta. Mi rock contra su balada. Mi egoísmo contra su jaula.

Mimimimimimimimimimi

Jajajajajajajajajajajajajaja

2 comentarios:

MarianoCantoral dijo...

LINDO DIANA!

BUENA FORMA DE TERMINAR MI SEMANA INSANA, DIGO, SANTA.

Carlos el baterillero dijo...

Hola Diana

Gracias por el comentario en mi blog...allí también te respondí.

Ayer vinieron a casa un par de guatemaltecos...estuvimos toda la tarde...que pena, que no avisaron que vendrían, así hubiéramos podido contactar contigo...digo con interés...sobre las películas.

Una vez, estuve en una conferencia, sobre astofísica. Era en un local militar. Por política de la isntalación, todos los aistentes eran registrados en sus datos: Nombre, dirección, edad, teléfono etc.

Se acercó una oficial uniformada y pidió los datos. Yo le di los míos. Un asistente sentado atrás mio, respondió: Me llamo Mario, así a secas Mario. Teléfono no tengo. Dirección, vivo en un bosque de algarrobos por Trujillo (a 500 kilómetros al norte de Lima). ¿E-mail?, por mi casa no hay internet...yo me reía a cada respuesta...tu poema y reflexión, me hicieron recordarle.

Saludos
Carlos el baterillero