Lucho cada día contra la lágrima
que vuelve galopando a mi rostro
ajado y mi gesto iracundo
que mal dibujado en mi espíritu,
que vuelve galopando a mi rostro
ajado y mi gesto iracundo
que mal dibujado en mi espíritu,
es un doble espejo,
a donde no quiero mirar.
Esta noche me rodea de miedo,
de una congoja tan inmensa,
que podría llenar mares y océanos
con ella y aún así dejar un poco
para los días venideros.
Sin piedad.
Me voy despidiendo de vos,
te siento ir dentro de mí
y te pregunto por qué no te quedas,
mientras tu silencio me resquebraja
el vientre y me cierra la matriz.
Bebé de ojos perlados,
jamás pude contemplarte
pero te sentí y por eso hoy muero,
mi llanto no se sostiene
ante la inquina que vimos venir
con palabras de miel
que escondían su navaja bajo
un presagio en una isla sin nombre.
Deja que todos se vayan,
deja que la soledad nos arrope,
que el frío que hoy se cierne en la ciudad,
se ciña en nuestras frentes,
pues hemos quedado sin bondad,
somos la sangre que ha servido de alfombra,
rueda de la fortuna y azar.
Que murmuren tras nosotros
esos fantasmas que hacen
fogatas con mis cejas y tus pestañas,
y que sigan tirando sus dardos,
pues antes de sacarte a las manos
con cáncer del mundo,
prefiero llevarte a mi escondido asteroide,
mientras yo sigo aquí esperando
volverte a encontrar.
Estoy profundamente triste.
2 comentarios:
Por suerte cielo, siempre vuelve a amanecer...
Sonrie, tu sabes que debes sonreir.
Te adoro
a veces estoy como tu título! saludos poetisa!
Publicar un comentario en la entrada